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Hurgando en el cajón de la memoria encuentro enredadas, en un rincón, unas cuantas tardes de agosto con aroma de horchata y brisa marina. Al fondo, hallo arrugados todos los besos dulces que nunca regalé. Y sigo buscando y revolviendo. Mis manos agitan fotos de sueños olvidados y, al fin, tanteo las esperanzas ocultas, se esconden detrás de un pañuelo blanco. Abren los ojos, se estiran y salen volando. Son de color azul y violeta, caramelo y oro. Revolotean un instante y escapan por la ventana, menos una que se enreda en mis dedos. Está hecha de hechizos y se llama “tejer palabras”. Trae perfume de risas infantiles y juegos de magia. Y me afano con las letras hasta que la tinta de mi pluma las sujeta y agrupa así: “No temamos a los recuerdos escondidos sino a los huecos vacíos de los sueños que volaron”

 

 

 

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2 comments

  1. A mi también me gusta y mucho, este en especial me ha hecho reflexionar sobre los recuerdos perdidos, algunos tan bonitos e insusituibles.

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