Este ser entrañable era la hermana mayor de mi madre. Y digo “era” porque murió hace ya algunos años. En mi memoria perdura la temporada que mi tía pasó con nosotros, ayudando a mi madre. Mi familia estaba formada por dos adultos (mis padres), una adolescente (mi hermana mayor) y tres niñas. En esos días toda ayuda en casa era muy bien recibida. No había los electrodomésticos de última genración que existen ahora en el mercado. Lavar, fregar, barrer, cocinar y planchar para seis individuos, se convertía en ardua tarea para una persona sola. Mientras crecimos, la tía Margarita ocupó el lugar de la abuela que nunca conocimos.

Mi tía siempre iba de negro porque era viuda y daba la impresión de que hubiera nacido ya con este estatus. Su estructura física no dejaba de ser muy peculiar, parecía tan ancha como alta, regordeta y sonriente. Siempre la consideramos una persona buena y muy detallista. En nuestros cumpleaños y en Reyes nos traía a cada sobrina una caja de pañuelos bordados, braguitas primorosamente tejidas a mano o gorros de punto, especialidad en la que era particularmente diestra. Fue un personaje muy especial en nuestras vidas.

Escribí estas líneas para presentarlas a un concurso literario y se las dedico con todo mi cariño:

“Todavía puedo ver a la tía Margarita con las minúsculas gafas columpiándose en la punta de su nariz de pegote, con el ganchillo enredado en lanas de colores, tejiendo bufandas y cuentos en frías tardes de invierno, de meriendas calientes en la cocina. Mis dos hermanas y yo, muy juntas y silenciosas, sorbíamos a la par el vaso de leche con las mágicas palabras del ambiente, mil veces repetidas: – “Y Caperucita dijo al lobo: Pero ¡qué dientes tan grandes tienes!” -.

 Y nuestra tía, cual poderosa hechicera, aproximando su redondo trasero a la orilla del sillón, con un tono de voz terrorífico lanzaba sobre nosotras la espantosa maldición: “¡Para comerte mejor!”. En ese instante nos transformábamos en seres alados, de gritos y risas, que huían despavoridos de la cocina para, al momento, regresar implorando un conjuro más”.

 ciervo

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4 comments

  1. Que bonitos recuerdos, yo creo que nosotros no hemos sabido transmitir las historias populares con tanto encanto y realismo, porque nuestros mayores sabían transformarse de verdad. Ahora corremos y corremos e intentamos enchufar a nuestros peques a la tele un ratito para tener tiempo de hacer las cosas o simplemente conectarnos al pc. Que bien que hagas de memoria para que no nos olvidemos de personas tan importantes en nuestra vida

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