ImagenGermelina nació muerta. Su alma pasó de largo sin verla, perdiéndose para siempre en el desierto de las ánimas sin dueño. Un quejido sobrehumano salvó a la pequeña de ser enterrada. Su piel de pana marrón solía llenarse de polvo y su madre la cepillaba con furia, igual que a unas viejas cortinas. Nunca dijo una palabra. Caminaba de día y de noche, sin reír ni llorar, de un sitio a otro del patio, cuidada en todo momento por un gran lobo gris, surgido de la espesura del bosque negro.

El animal murió y cuando su alma rozó a Germelina, ésta la atrapó y se la probó. Ambas encajaron a la perfección. Su piel se hizo de seda plateada y los ojos se inundaron de luz. Sus vecinos nunca se acostumbraron a sus aullidos las noches de luna llena.

Anuncios

2 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s