Pequeñas perlas de mi niñez – 3

ImagenCuando yo nací la radio estaba presente en la mayoría de los hogares, sobre todo en las horas de las comidas y cenas, momento en que todas las emisoras conectaban con Radio Nacional de España para retransmitir las noticias. Si tenías algo importante que decir, había que esperar a que finalizaran la conexión. Al menor murmullo o conato de conversación, mi padre comenzaba a chistar muy indignado. Lo mismo ocurría a las cinco de la tarde, la hora de la radionovela, era el momento en que las mamás se sentaban a descansar o a coser escuchando los lacrimógenos folletines de la radio. Aquellos instantes se presentaban terriblemente aburridos para nosotras, las pequeñas, que no entendíamos de accidentes ferroviarios, amores frustrados, de madres indigentes que abandonaban a sus hijos, o de madrastronas malísimas. Lo que queríamos era jugar, preguntar por todo y a todos, y que nos prestasen toda la atención. Aunque pronto aprendimos que el rato que nos tornábamos “invisibles” para los demás, era corto, y procurábamos armarnos de paciencia para, después, acribillarles a preguntas sobre ciertas cosas que no habíamos entendido: :— ¿Y “menganito,” es malo? Y “zutanita”, es buena?— Nuestro universo era muy simple pero efectivo.

Aparte de este “ingenio” sin igual, existían otros dos que se volvieron imprescindibles en todas las casas, y eran todo un lujo, a partir de los años sesenta: la lavadora y el frigorífico.

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La primera lavadora eléctrica que tuvimos en mi casa, ocupó un hueco en el cuarto de baño. Estaba esmaltada en blanco y era rechoncha y chaparra. Tenía una tapa que se quitaba cuando se estaba usando. Se llenaba de agua con detergente “Ese, Tu-Tú, Persil u Omo” (éste último traía en los paquetes unos animalitos de plástico que nos chiflaban). Poseía en su barriga un interruptor que, al pulsarlo, comenzaba a marear la ropa durante un buen rato. Luego mi madre la escurría pasándola por unos rodillos que incluía “el ingenio” para tal fin. El caso es que la mujer se pasaba toda la mañana liada con estos menesteres, aunque el artilugio era mejor opción que lavar y escurrir las prendas a mano, trabajo que la produjo lesiones en las muñecas en muchas ocasiones.

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El antiguo frigorífico, era un armario en el que se colocaba un trozo de hielo en una bandeja metálica, producto que vendían en la plaza, y que conservaba la comida fresquita en estantes, hasta que el hielo se derretía con un terrible olor a amoniaco e iba a parar a un cajón. Esto permitía que la comida se conservase de un día para otro, sin tener que consumirla al momento. La gran pega era que todos los días había que ir a comprar el hielo para que el artilugio siguiera refrescando los alimentos. Nos impresionaba ver la descarga del camión del hielo: barras enormes y congeladas que se encaramaban a la espalda de varios hombres encapuchados con hules. ¡Un espectáculo increíble!

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Un buen día nos regalaron el que, para mí, fuera el aparto perfecto: Una gramola, encastrada en un mueble enorme y oscuro, donde mágicamente surgían las voces de Garbancito, Caperucita, Blancanieves, y muchos personajes más que nos dejaban totalmente extasiadas. Los discos de pizarra pesaban mucho y había que tener gran cuidado para que no se rallaran, trabajo que recaía en mi padre. Éste sí que fue un artilugio maravilloso porque con él empezamos a soñar a lo grande.

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Aquellos tiempos fueron tan duros como felices, en los que realizar cualquier cosa requería un gran esfuerzo, pero esos pequeños logros del día a día nos hacían sentir tremendamente dichosos.

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3 comments

  1. Bonitos recuerdos. Las casas eran de otra manera, los avances tecnológicos , fuera el que fuera, ocupaban un lugar protagonista en cualquier pieza de la casa, sin tener mucho peso la decoración o si encajaba en el ambiente, lo importante era que habíamos conseguido una cosa nueva que nos permitía mejorar un poco y se disfrutaba de verdad.

  2. yo tambien recuerdo esos tiempos, la lavadora de mi casa era redonda creo,
    y la nevera era lo más en plena canicula veraniega, en fin que nostalgia.

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