Pequeñas perlas de mi niñez – 5

¡No os perdáis mi nueva novela Destino mágico, versión para kindle!

Destino mágico

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Y llegó el tan deseado día de la Comunión. Mi hermana la pequeña y yo, como hacíamos con todo, compartimos también protagonismo en este evento. Aunque ella no cumplía los siete años hasta meses después, la permitieron recibir el sacramento junto a mí.

Así nos vimos envueltas en tules blancos heredados de mis hermanas, felices cuál princesas de merengue, soportando las tenacillas y el secador hasta que el pelo lució primoroso. La ceremonia se desarrolló lejos de nuestro barrio, en una iglesia que no conocíamos de nada, perteneciente a una orden de monjas de clausura. Ya se sabe ¡Cosas del colegio!

Yo era bastante alta para mi edad y me emparejaron con un chico de la clase, muy bajo de estatura y bastante feúcho, que más que un compañero parecía mi hijo. Al final de la Eucaristía nos llevaron a visitar a las monjas que, a través de una reja, no dejaban de emocionarse ante nuestro aspecto de pastelitos de nata. Sentí una profunda pena por ellas. Entonces no me cabía en la cabeza que estuvieran allí por gusto, sino porque alguien las tenía encerradas, como castigo a algún “pecado” terrible que habían cometido, razón por la cual tenía unas ganas locas de irme de allí.

El festín se celebró en mi casa, cosa normal para la época. No sobraba el dinero para hacerlo en un bar, aparte que los invitados no eran muchos. Y no porque nuestra familia no fuera extensa, pero dio la casualidad de que una de nuestras primas, de nuestra edad y compañera de clase, también fue protagonista de su propia comunión. La mayoría de los familiares asistió a aquel ágape, para gran disgusto de mi madre, dejándonos a las dos bastante desangeladas.

Recuerdo algunos de los regalos que, en su momento, me parecieron espléndidos. Aparte de la medalla, los pendientes y el sello de oro, recibimos cajas de golosinas y lenguas de gato, que jamás habíamos probado. Entre los presentes que me hicieron se encontraba un libro de vidas de santos. En días sucesivos devoré el libro de cabo a rabo, cosa que solía hacer con todo lo que tenía al alcance de la mano. Comencé a hablar, fervorosamente, de martirios terribles infringidos a los santos: a Santa Lucía la habían arrancado los ojos; la santa los mostraba sin pudor en un dibujo, puestos en un plato, igual que un par de huevos fritos. Luego relaté el sacrificio de San Lorenzo, que le asaron en una parrilla cual chuleta de choto; en la ilustración se podía apreciar su aspecto de churrasco. Y así un sinfín de hechos aterradores que llevaron a mis padres a confiscarme el libro. De todas formas había decidido hacía tiempo no ser santa, hecho que parecía bastante temible, me gustaba mi vida de niña normal y corriente.

Terminamos la tarde en un hospital, visitando a una prima recién operada, que alabó nuestros níveos vestidos, y pasó un buen rato en nuestra compañía.

Aunque no fue el día fantástico que habíamos soñado, tanto mi hermana pequeña como yo, eternas compañeras de juegos, estuvimos juntas compartiendo esta insólita jornada.

Con este capítulo pongo punto y final a éstos “relatos presenciales” en los que he buceado entre recuerdos de nostalgia y dicha, en un tiempo en el que la niñez y la inocencia se daban la mano. Han revivido en estas páginas, llenas de cariño, los que ya partieron en un viaje sin retorno. Ojalá muchos pudieran decir lo que siento: “¡Qué suerte tuve en nacer en una familia tan maravillosa como la mía!”.

cuadros muy bonitos de niñas

FIN

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4 comments

  1. Hay cosas que no se olvidan nunca, yo también tuve mi ración de niños santos ……y aún conservo el rosario que me regaló una de nuestras entrañables vecinas. Si pudiera brindaría con champán por aquella bendita época, en la que eramos tan inocentes y felices, pero me conformaré con cerrar los ojos y hacerlo con una cerveza 0,0. Por todos y por tí “pluma feliz”.

  2. He revivido escenas de mi niñez gracias a tus relatos, recuerdos magicos y maravillosos que quedan grabados en la memoria . Seria estupendo poder recopilarlos todos . Maravillosos relatos ¡¡

  3. Añoranzas de aquellos días, nostalgia de una felicidad sencilla y sana, pero la vida es así, vamos cambiando, se supone que evolucionando y también, tristemente olvidándonos de lo sencillo que puede ser encontrar la felicidad en un recuerdo. Estupendo que estés ahí para reavivar aquellos bonitos días.

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