DESTINO MÁGICO – (Capítulo 2 ) Promoción

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Hola queridos seguidores, aquí os dejo el segundo capítulo de mi primera novela Destino Mágico publicada en Amazón. El argumento consta de dos historias paralelas, una acaecida en la antigüedad, la otra en nuestros días, que en algún punto del libro inciden. Las protagonistas son cuatro mujeres que se ven envueltas en una serie de aventuras en la búsqueda de unos amuletos mágicos que deben localizar. También os podéis encontrar con celtas, romanos, brujas y otros personajes que acompañarán a las cuatro hermanas en sus andanzas. Es un libro donde se mezclan de forma singular la magia, viajes, historia, fantasía y realidad. ¡Espero que os guste!

Los escenarios en los que transcurre la acción están en España, son sitios con un encanto sin igual: El poblado de Santa Tecla en Pontevedra, Javier, Azagra, Zugarramurdi, Arellano (en Navarra), Burgos y Madrid (El parque de la Fuente del Berro)…Si tenéis oportunidad, haced la ruta, os convertiréis en “buscadores” de igual forma que una de las protagonistas de la novela.

¡No os la perdáis!

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2. EL DESMANTELAMIENTO (Segundo capítulo de Destino Mágico)

“Desmontar la casa de los que murieron es trágico y doloroso, porque parte de ellos sigue allí, entre las cosas que siempre les rodearon”

 

Madrid, España, primavera de 2005

La llamada de mi hermana Amaya me dejó deshecha en lágrimas. Papá acababa de fallecer. Después de un triste mes de marzo de enfermedad aguda, un paro cardíaco mientras dormía apagó la llamita de vida que aún bailoteaba en sus oscuros ojos. Nos dejó a todas doloridas, enfrentadas a esa sensación extraña y angustiosa de pérdida irreparable.

Mi madre, enferma y afiebrada no fue consciente de la realidad hasta días después. El mismo mal que aquejó a mi padre, hizo intentos de llevársela a ella también, tirando con fuerza de la fragilidad física de su cuerpo de anciana. Ella sobrevivió al ataque. Comenzó a restablecerse y a preguntar por el estado de mi padre. Cuando le comunicamos la triste noticia, el golpe terrible la sacudió como una descarga eléctrica. No hubo consuelo para su pena en mucho tiempo. Siguió viviendo en la residencia de ancianos muy a nuestro pesar. Su demencia ya requería cuidados especiales.

Pasaron unos meses y pusimos a la venta el piso de nuestros padres, deshabitado desde su ingreso en la residencia.
Las casas vacías se deterioran más rápidamente que las habitadas. Las viviendas tienen un alma que es feliz cuando sirven para lo que fueron construidas: albergar y cobijar a las personas. Por eso, para engañar un poco a la casa y ralentizar su deterioro, cada semana, una de nosotras, iba a limpiarla y adecentarla.
Tardamos en vender el piso más de un año. A Diana, mi hermana pequeña, se le ocurrió que debíamos “ayudar” de alguna manera simbólica.

– “Una compañera de trabajo estuvo en el mismo caso que nosotras, colgó una llave vieja con un lazo rojo de una de las paredes para atraer la buena suerte, y la venta funcionó enseguida. ¡Podríamos probar! Total no tenemos nada que perder” –

Buscamos en nuestros respectivos hogares una llave antigua. El resultado fue infructuoso. Recordé que no habíamos hecho un registro a fondo de la casa de nuestros padres. La empresa fue coronada por el éxito más absoluto. En un cajón de la cómoda del recibidor la encontramos. La llave no era muy grande, de unos cinco centímetros de longitud. Su pátina de negrura denotaba gran antigüedad. Mostraba en ambas caras unos grabados geométricos muy bellos. Nos preguntamos de donde habría salido. Ninguna de nosotras recordaba haberla visto antes. La rodeamos con un magnífico lazo rojo, símbolo de la suerte, y allí quedó colgada. Al mes teníamos dos compradores. Nos decidimos por gente conocida, no queríamos que un lugar que representó tanto para nuestros padres cayera en manos de personas sin sentimientos.

La noche anterior a deshacer nuestro antiguo hogar, me costó conciliar el sueño. El desmontar la casa me producía la sensación de cortar otro lazo que me unía a mis progenitores. Era como desarticular su vida en porciones que estaban perfectamente ensambladas entre sí. La llave con su lazo rojo seguía escondiéndose en un rincón de mi memoria, balanceándose de un lado a otro. Una llave era para abrir o cerrar algo. ¿Qué se ocultaría detrás de la cerradura? Aparté la idea rápidamente. Cansada, triste y muy deprimida, después de tomarme cuatro pastillas de valeriana, caí por fin en un sueño inquieto lleno de pesadillas.
El sábado amaneció fresco y soleado. Después de tomar un desayuno energético a base de cereales con nueces y tostadas con mermelada, mi marido y yo nos encaminamos a la casa. A las ocho en punto traspasamos el umbral y segundos después ya estábamos metidos en faena. Mis tres hermanas y respectivos cuñados llegaron a los pocos minutos uniéndose al trabajo.

No hablábamos, acallando nuestra pena. Cada una íbamos guardando en cajas, marcadas con nuestros nombres, los lotes que una mano inocente, la de mi sobrina Sofía, nos iba otorgando. Me correspondió la colección de cajitas de porcelana, el mueble del vestíbulo, los candelabros de bronce a juego con el reloj y con la lámpara de dragones alados, así como el bastón de mi padre, el que había utilizado durante los últimos años para caminar antes del periodo final, marcado por la silla de ruedas. Este báculo, el más preciado tesoro de mis nuevas pertenencias, era de color claro y de suave acabado al tacto. Hecho para ser casi eterno, de recias hechuras trabajadas en la dura madera de roble, fue tallado por mi abuelo con sus propias manos, setenta años atrás. Conteniendo las lágrimas lo acaricié lentamente. Sentí como una descarga eléctrica.

druidesas
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One comment

  1. Sigue por favor, desde luego es una novela que engancha, cercana y llena de detalles cotidianos, pero al mismo tiempo intrigante y con muchas promesas de sorpresas inesperadas.

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