Cuentos ilustrados para niños

CUENTOS MÁGICOS DE NAVIDAD

Selección de siete cuentos navideños con preciosas ilustraciones: “El ángel de las alas rotas”; “El deshollinador de estrellas”; “Encuentro en Navidad”; “La lavandera del belén”; “La Navidad de Dora”; “Pastelito, el reno cojo” y “Una aventura con los Reyes Magos de Oriente”. Se vende en Amazon en formato libro de papel y para el lector kindle. Recomendado a partir de seis años.

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Aquí podéis ver algunas de las ilustraciones, 21 en total.

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¡Feliz Navidad! María Teresa Echeverría Sánchez (autora).


 

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Este ser entrañable era la hermana mayor de mi madre. Y digo “era” porque murió hace ya algunos años. En mi memoria perdura la temporada que mi tía pasó con nosotros, ayudando a mi madre. Mi familia estaba formada por dos adultos (mis padres), una adolescente (mi hermana mayor) y tres niñas. En esos días toda ayuda en casa era muy bien recibida. No había los electrodomésticos de última genración que existen ahora en el mercado. Lavar, fregar, barrer, cocinar y planchar para seis individuos, se convertía en ardua tarea para una persona sola. Mientras crecimos, la tía Margarita ocupó el lugar de la abuela que nunca conocimos.

Mi tía siempre iba de negro porque era viuda y daba la impresión de que hubiera nacido ya con este estatus. Su estructura física no dejaba de ser muy peculiar, parecía tan ancha como alta, regordeta y sonriente. Siempre la consideramos una persona buena y muy detallista. En nuestros cumpleaños y en Reyes nos traía a cada sobrina una caja de pañuelos bordados, braguitas primorosamente tejidas a mano o gorros de punto, especialidad en la que era particularmente diestra. Fue un personaje muy especial en nuestras vidas.

Escribí estas líneas para presentarlas a un concurso literario y se las dedico con todo mi cariño:

“Todavía puedo ver a la tía Margarita con las minúsculas gafas columpiándose en la punta de su nariz de pegote, con el ganchillo enredado en lanas de colores, tejiendo bufandas y cuentos en frías tardes de invierno, de meriendas calientes en la cocina. Mis dos hermanas y yo, muy juntas y silenciosas, sorbíamos a la par el vaso de leche con las mágicas palabras del ambiente, mil veces repetidas: – “Y Caperucita dijo al lobo: Pero ¡qué dientes tan grandes tienes!” -.

 Y nuestra tía, cual poderosa hechicera, aproximando su redondo trasero a la orilla del sillón, con un tono de voz terrorífico lanzaba sobre nosotras la espantosa maldición: “¡Para comerte mejor!”. En ese instante nos transformábamos en seres alados, de gritos y risas, que huían despavoridos de la cocina para, al momento, regresar implorando un conjuro más”.

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